Que la estelada no impida ver el bosque

Llevo días dándole vueltas al nuevo escenario abierto después del 9N. Llevo días valorando la propuesta realizada por el President Mas para abrir una nueva (¿última?) etapa del proceso soberanista. Me he propuesto, a pesar de ser escéptico y a pesar de la presión salvaje, mantenerme expectante y considerar si es lo más conveniente para seguir adelante. Es sin duda una propuesta que representa un gran paso adelante para quienes hasta ahora se habían mantenido en una indefinición, a veces preocupante. Y marca una ruta más o menos clara hacia la soberanía plena. Pero creo que es una propuesta que admite ciertas objeciones (con permiso de sus acérrimos defefensores).

La unidad

Dicen que una lista unitaria es la manera (la “única” según muchos) de enviar un mensaje claro e inequívoco. Una lista “unitària” y transversal es de entrada una fórmula atractiva. La “unidad” como concepto es algo deseable y a lo que es difícil oponerse. Obviamente todos preferimos la unidad a la desunión y al enfrentamiento. Lo hemos vivido en el desarrollo del proceso participativo del 9N, en el que la unidad de los partidos que lo impulsaban estuvo en peligro en algún momento. Pero finalmente, en el marco de una campaña más o menos unitaria, todos los partidos y organizaciones trabajaron para que el proceso participativo fuese un éxito. Había unidad, sí; pero no dejó de haber una pluralidad que enriquecía el proceso, con un objetivo común y con diferentes voces, acentos y modelos de país. Un éxito que logramos unidos sin dejar de ser plurales.

No es cierto que sea imprescindible la victoria de una lista “unitaria” para enviar un mensaje claro. En el caso de Estonia, por ejemplo, el partido mayoritario (Eestimaa Rahvarinne-FPE) obtuvo un 40,1% de los escaños, y junto al segundo partido (EKP-Comunistas) con un 25,7%, emprendieron la declaración de independencia (aprobada por 73 escaños de 105 (69,5%) y la redacción de una constitución durante esa misma legislatura. En el caso de Lituania, el movimiento cívico Sąjūdis apoyó candidatos independientes y de cinco diferentes partidos, que obtuvieron entre las diferentes candidaturas el 67,4% de los escaños, declarando la independencia y su propia legalidad constitucional.

Tampoco es cierto que una lista unitaria vaya a verse premiada automáticamente en el reparto de escaños mediante la Ley d’Hondt. Esta fórmula tiene un impacto menor cuanto mayores sean los partidos, ya que eleva el coste para obtener escaño a los partidos más pequeños,  y lo que hace es perjudicar cuando el tamaño de la circunscripción es menor (menos escaños en juego). Además existen otros inconvenientes no resueltos respecto al funcionamiento electoral, como por ejemplo la limitación mediática en debates y propaganda electoral.

Respecto al efecto no ya multiplicador, sino aglutinador, se debe tener en cuenta diferentes aspectos. El 9N se obtuvieron alrededor de 1,86 millones de votos por el Sí-Sí. En estas elecciones no participan ni menores de 18 años, ni residentes extranjeros, por tanto esa cifra se vería sensiblemente mermada. Convendría descontar también votantes del Sí-Sí que difícilmente optarían por la lista unitaria (izquierda alternativa, federalistas desencantados, independentistas circunstanciales…). Quizás la lista unitaria tendría algún tipo de efecto mágico que aún nadie ha explicado, pero no parece que consiga ni tan siquiera aglutinar a todo el voto del Sí-Sí. También se arguye un supuesto efecto “caballo ganador” o bandwagon, pero no parece que existan incentivos para arrastrar demasiados indecisos, cuando además se elimina cierta competencia que otorgue al votante más capacidad de influir con su voto. Sería por tanto una candidatura que aglutina y motiva a un sector de los convencidos (y no a todos).

El contenido

Según la fórmula presentada por el President, su candidatura debe centrarse únicamente en un punto, una pregunta clara (“Vol que Catalunya esdevingui un estat independent o no“) excluyendo otras cuestiones que hagan que el resultado, según él, no quede claro. Cito textualmente: “por tanto, se trata de preguntar exactamente esto, y no otras cosas”. Su justificación es que, de no hacerlo así, no se podrá argumentar que lo que se decide es si Cataluña quiere ser un estado o no. Esto es un tanto falaz, porque si varias candidaturas llevan el mismo punto de manera clara e inequívoca en su programa, un compromiso que no dé lugar a interpretación, y acuerdan trabajar para ejecutarlo, el mensaje enviado por los votantes será incuestionable.

No hay que olvidar que en los próximos 18 meses el país se deberá seguir gestionando. No vale lo de que “para el resto de temas, por cierto muy importantes,  las elecciones tocan de aquí a dos años, y no pas ara“. Está claro que estas elecciones son para decidir sobre el futuro de Cataluña, pero faltan respuestas sobre cómo se va a gestionar durante este año y medio la sanidad o la educación, con el poco por no decir nulo margen que nos permite el Estado, cierto. Pero también si habrá más privatizaciones, si se seguirá adelante con el proyecto de BCN World que la Generalitat negocia estos días, o si la comisión parlamentaria que investiga la corrupción y el fraude fiscal, que no acaba de arrancar, quedará postergada sine die. Algunos dirán que esto ara no toca, pero para mucha gente, mucha de la que aún necesitamos para conseguir una amplia mayoría, ara y durante el próximo año y medio sí toca. Que nadie vea esto como un ataque, expreso simplemente una inquietud porque quiero compromisos, generosidad, seguridad y confianza para que podamos seguir avanzando los próximos meses.

Tenemos una sociedad diversa y compleja, y aunque la unidad es un valor importante, también lo es la pluralidad. La fuerza del 9N residió en la voluntad de avanzar juntos, en la unidad de acción, y en su composición transversal y plural. Difícilmente lograremos mantener ambos valores (unidad y pluralidad) en una sola lista, ya que la pluralidad y transversalidad del 9N quedará bastante reducida. Probablemente quedarán fuera amplios sectores próximos a la CUP, aunque de manera más o menos tolerada y asumida, lo que no deja de tener un punto hipócrita y arbitrario (ya no sería una lista “unitaria”), pero también muchos otros. En Cataluña el eje nacional es muy importante. Pero no es el único. Para articular una mayoría es necesario también poder dar respuesta a esa complejidad. Además del eje “Cataluña-España” existen otros que condicionan el escenario, y configuran diferentes espacios. Por ejemplo el eje izquierda-derecha (aunque algunos pretendan creer que ha muerto) y, cada vez con más fuerza, el eje regeneración-corrupción. La fórmula propuesta de lista unitaria no da respuesta (y difícilmente lo hará) a estos aspectos, y deja descubiertos demasiados flancos, imprescindibles si queremos construir una mayoría.

Los otros jugadores

Aunque esta lista pretenda presentarse siguiendo una lógica plebiscitaria, no hay que obviar que no juega sola la partida. A las elecciones concurrirán otras muchas candidaturas que no seguirán, ni siquiera aceptarán, convertir estas elecciones en una pseudo-consulta. Vamos a encontrar diferentes opciones que competirán electoralmente con programas, contenidos y propuestas. Si no asumimos el riesgo que supone esto, podemos encontrarnos con que se acabe dando aire a una ICV expulsada de la propuesta, a los despojos de un PSC agonizante, y sobre todo a Podemos, que compite con un diagnóstico similar (rupturista-constituyente) aunque la solución propuesta sea diferente e incompatible. Se va a hablar de problemas sociales, de regeneración y de corrupción, y no lo vamos a poder obviar ni ocultar bajo la estelada. Y también PP y Cs aprovecharán la situación para defender sus tesis, con su demagogia habitual, en un terreno abonado. En este caso no vale lo de divide et impera: los contrarios a la independencia tendrán facilidad e incentivos para participar, movilizarse y votar por la opción que mejor les represente. El mejor escenario para toda esta tropa es una candidatura única que represente el pensamiento único de la dictadura nacionalista.

Que la estelada no nos impida ver el bosque

Si algo nos ha enseñado el 9N es que hay que avanzar unidos, sin dejar de ser plurales. La fuerza residía no solo en permanecer juntos, sino permanecer juntos siendo distintos. Lo que está claro es que siendo los que somos no es suficiente. Aún hace falta llegar a mucha más gente, convencer y ampliar la base del soberanismo para obtener la mayoría que haga posible iniciar con garantías y seguridad este proceso pre-constituyente/decisorio/plebiscitario.

Para construir esa mayoría no nos basta una lista para convencidos (ni hiperventilados). Hay que consolidar y desbordar el espacio del Sí-Sí. Y quizás hay que intentar dejar de pensar a veces como convencidos, para empatizar y llegar allí donde hay que llegar. Si limitamos, reducimos y encerramos la propuesta en una única lista, dejaremos fuera a mucha gente que necesita algo más que la estelada. Gente que comprende que así no podemos seguir, que es necesario tomar las riendas de nuestro futuro, pero que necesita una seguridad y unas respuestas que no se queden solo en “independencia sí o no”. Esto toca también ahora, no dentro de 18 meses, porque también necesitamos a esta gente.

No se trata de que se presenten partidos, ni de que se produzcan conflictos y ataques entre las diferentes candidaturas. Deben relegar a los partidos, las siglas, yendo más allá de sus espacios pero con la voluntad de maximizarlos; una campaña propositiva, con puntos comunes y compartidos y en la que sea posible celebrar puntualmente actos conjuntos. Generosidad, unidad de acción y pluralidad. Como en el 9N.

I posats a demanar generositat, siguem també generosos per començar a construir un país que sigui de tots. No ens podem ja permetre tendències endogàmiques i absurdament identitàries que encara arrosseguen certs sectors, residuals però, que han impedit que la campanya unitària pel 9N es fes amb una normalitat dessitjable també en castellà, mostrant desinterès i que, per exemple, el web de la campanya trigués més de dos mesos, tot i la insistència, en tenir versió en l’altra llengua dels catalans, la primera per molts d’ells. Ara és l’hora de fer les coses millor.

No podemos confundir el objetivo: para algunos parece que la lista unitaria sea el fin último, el objetivo. No nos equivoquemos, porque el fin debe ser maximizar el número de votos y desbordar el Sí-Sí, en todos los espacios posibles y sumando a todos los que hay que sumar para alcanzar una mayoría. Tenemos claro el camino, y tenemos claro que hay que ir más allá de los partidos.

Seamos generosos y no dogmaticemos.

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